El Gobierno le gana otra batalla a ETA.
06-03-10
Si de algo puede presumir el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en esta segunda legislatura es de estar ganándole la batalla al terrorismo etarra.
Las últimas acciones que han acabado con la detención de la cúpula de la banda terrorista son sólo un botón de muestra de la eficacia de una política antiterrorista basada fundamentalmente en la acción policial y en no dar respiro a los asesinos.
Paradójicamente, la estrategia del Gobierno en este terreno es radicalmente diferente a la que Zapatero llevó a cabo en la primera legislatura en la que el éxito se fiaba a la negociación y al diálogo con los terroristas, como principal opción para alcanzar la paz. Ahora, con Rubalcaba al frente del Ministerio de Interior, la derrota de ETA vuelve a ser el principal objetivo.
De alguna manera se podría decir que Zapatero está batiendo a ETA con los mismos argumentos que durante tanto tiempo en el pasado reciente defendió el PP y con los mismos que en su día señaló el presidente Felipe González cuando dijo aquello de que “la única forma de acabar con ETA es hacer que los asesinos pierdan la esperanza”.
Evidentemente, la eficacia policial puede haber hecho mella entre los comandos, que ven como son detenidos en distintos territorios, creando la sensación de que ya no hay inmunidad y que cualquier movimiento que hagan va a dar con sus huesos en la cárcel.
Ahora es el momento de no bajar la guardia. El acoso a los terroristas se está compatibilizando con una política penitenciaria orientada a lograr que cada vez más presos de la banda renuncien a la violencia, lo que llevará a debilitar aún más la estructura de ETA hasta dejarla sin combustible ni material ni ideológico. El silencio del PP es una buena muestra de que en esta materia en estos momentos hay consenso y de que es posible compartir objetivos y procedimientos.
Lo deseable sería que lo que Partido Socialista y Partido Popular son capaces de compartir en materia antiterrorista pudiese también hacerse extensible al campo de la economía. Entonces, tal vez podríamos estar hablando ya de verdadera salida de la crisis.